LA VERDADERA RIQUEZA
Comentario al Evangelio del
Domingo XXVIII durante el año, Ciclo B
Por el Pbro. Domingo Soria
El Evangelio de este domingo –en la versión de Marcos sobre el episodio del joven rico- hace alusión a la cuestión de las riquezas. El Señor pronuncia la famosa frase: "Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de Dios". ¿Qué significa esto? La pregunta sería: ¿Es bueno o es malo ser rico? ¿Es la riqueza sinónimo de condenación y la pobreza sinónimo de salvación? ¿En qué consiste la verdadera riqueza y la verdadera pobreza?
Quizás recordemos el episodio de la unción de Jesús en Betania en el que Judas Iscariote se queja porque María había derramado a los pies del Señor un carísimo perfume de nardo puro. "¿Por qué no se vendió ese perfume en 300 denarios para dárselo a los pobres?", dijo el Iscariote. (cfr. Juan 12, 1-8). Hoy en día algunos (que se resisten al paso de la moda…) ofrecen el mismo argumento para hablar del Vaticano y sus tesoros, por ejemplo. Es que para algunos, la pobreza ha dejado de ser virtud para pasar a ser ideología. Y el apego a una ideología puede ser más pernicioso que la riqueza material en sí misma considerada, puesto que esta última, si está bien obtenida y bien administrada, puede ser ocasión de generosidad para quien la posee y de alivio para quien no la posee, mientras que lo primero puede ser ocasión de odio y división.
Esto me lleva a citar un episodio ocurrido en el año 1992 durante la IV Conferencia General del CELAM en Santo Domingo.
"José Luis Azcona Hermoso, obispo de Marajó, isla de la desembocadura del Amazonas, toma la palabra y dice: "Quisiera hacer una petición a los presentes. Los hoteles donde estamos alojados son demasiado lujosos, es un escándalo para la pobreza… además no permiten el clima de recogimiento y la necesaria concentración. Deberíamos irnos a sedes más apropiadas". Hace sólo un día que la Conferencia ha comenzado y ésta es la segunda intervención. El episodio trasciende fuera del aula y todos los periódicos latinoamericanos enfatizan su importancia. Pero dentro, entre los participantes en la asamblea, la salida del prelado brasileño no crea preocupaciones, a lo sumo hilaridad. "No era necesaria toda esta retórica sobre la pobreza y el recogimiento", comenta el arzobispo colombiano Darío Castrillón Hoyos. "¿Adónde íbamos a ir?", se pregunta irónicamente el cardenal de Buenos Aires, Antonio Quarracino. "¿A molestar a las familias? En Santo Domingo no existe un colegio tan grande que nos pueda a coger a todos". En los pasillos, el cardenal Sodano alude al episodio de pasada: "En vez de convertirlo en una cuestión de Estado, podía simplemente haberlo dicho tres meses antes, cuando se le comunicó: le hubiéramos encontrado un sitio diferente, no era un problema…". Todo se resolvió sin dramas" (cfr. Revista 30 Giorni, Nº 62, año 1992).
En este mismo sentido me han contado de un obispo que no quiso acompañar al Nuncio Apostólico hasta el auto porque le daba vergüenza que lo vieran junto a un eclesiástico que andaba en un BMW. Aquí debería decir que cuando el Nuncio estuvo en mi parroquia y luego de la Misa fuimos a cenar a Cáritas, fuimos precisamente en el mismo BMW. Espero no haber faltado a la pobreza… pero teniendo auto (sea cual fuere la marca) no veía la necesidad de llamar un taxi o de contratar un sulky (aunque hubiera sido pintoresco por cierto). Finalmente no escuché de nadie que se hubiera escandalizado por eso, al contrario, nuestra comunidad –gente sencilla y de barrio- lo recibió con muchísimo cariño y todos disfrutamos de un hermoso e inolvidable encuentro con el representante del Santo Padre.
No quisiera dejar de citar otro episodio. Cuando en diciembre de 1964 el papa Pablo VI visitó la India , el presidente de ese país le obsequió un lujoso Cadillac blanco. El Papa lo utilizó una vez y lo regaló a la Madre Teresa de Calcuta. ¿Qué hizo la Madre Teresa ? ¿Acaso lo rechazó "escandalizada"? De ninguna manera. Actuó con sentido común: lo usó para recoger gente por las calles de Calcuta.
La pregunta que nos hacemos es esta: ¿Tanto el obispo que consideraba un escándalo alojarse en un hotel como el que no quiso acompañar al Nuncio a su auto, actuaron realmente con una actitud de pobreza? (por supuesto que las intenciones del corazón las juzga sólo Dios, aquí yo me refiero tan sólo a las actitudes objetivas, como en el caso de Judas citado por Juan) ¿Faltó a la pobreza la Madre Teresa por aceptar el regalo de un Cadillac y utilizarlo para su labor misionera?
Precisamente el Evangelio de este Domingo nos sitúa en ese marco de reflexión acerca de cuál es la verdadera pobreza y la verdadera riqueza.
El joven rico le pregunta al Señor qué debe hacer para salvarse. El Señor lo exhorta a cumplir los mandamientos. Pero ante la respuesta del joven en el sentido de que venía cumpliendo los mandamientos desde siempre, el Señor le hace ver que sólo una cosa le faltaba: dejarlo todo y seguirlo. Finalmente el joven se retira entristecido porque poseía muchos bienes. ¿Pero qué es lo que el Señor quiere hacerle ver al joven? ¿Es que acaso el Señor le reprocha al joven el hecho de ser rico?
En realidad lo que el Señor le reprocha al joven es su apego a la riqueza, y aquí está el centro de la discusión. No está mal poseer muchos bienes (si están lícitamente obtenidos por supuesto), lo malo es estar apegados a ellos, en poner toda nuestra confianza y nuestra seguridad en esos bienes. En eso consiste precisamente el apego. Ya lo había dicho el Señor en otra ocasión: "Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones…" (cfr. Marcos 7, 15. 20-21). Entonces nadie puede ser malo simplemente por tener dinero o muchos bienes sino que lo malo es hacer de esos bienes el centro de la vida. Ese apego creará sin duda una barrera que impedirá el seguimiento pleno de Jesús. El joven se entristeció no por ser rico sino porque estaba apegado a su riqueza. El fruto del apego es la tristeza.
Vuelvo entonces a los ejemplos del comienzo. ¿Fue realmente pobre el obispo que no quiso alojarse en un hotel o el que no quiso ni acercarse al BMW? ¿No puede haber acaso un apego a una idea de pobreza que nos lleve a "despreciar" a quien piense de otro modo? ¿Faltó a la pobreza la Madre Teresa por haber aceptado el lujoso Cadillac? ¿O no será que realmente su desapego era tal que le daba exactamente lo mismo recoger pobres en un Cadillac que un carro tirado por un famélico caballo? Es que los santos son así, están desapegados de toda posesión y de toda ideología, y actúan con un gran sentido común.
No falta hoy quien hable de las mentadas riquezas del Vaticano. Pero no hay más que aplicar el mismo razonamiento. ¿Falta a la pobreza el Santo Padre por vivir en el Palacio Apostólico Vaticano? Si su corazón estuviera apegado a ese palacio ciertamente que faltaría a la pobreza, pero supongamos que si a Al Qaeda hoy se le ocurriera lanzar un misil y destruir el Vaticano no por eso el Santo Padre pasaría a ser automáticamente "pobre", el Papa seguiría siendo igual (siempre que no lo alcance el misil, sino habría que elegir a otro…) y no por eso sería más pobre y dejaría de cumplir con su misión. ¿Se solucionaría el problema de la pobreza vendiendo el Vaticano? Y pensar que algunos todavía lo sostienen…
El mismo Señor tuvo amigos ricos, pensemos en Lázaro, a cuya casa iba a comer seguido; en Nicodemo, a quien recibe de noche; en José de Arimatea, en cuyo sepulcro es finalmente sepultado (y nadie se escandalizó por eso); en Mateo el publicano, que lo llama para ser su apóstol.
En definitiva, la pregunta fundamental es: ¿En qué o en quién ponemos el centro de la vida? ¿Dónde ponemos nuestras propias seguridades? Algunos lo harán en el dinero, otros en tener un buen auto, otros en la búsqueda de poder, otros en el sexo, otros en sus propias ideas, etc. etc. Pero eso a la larga crea sufrimiento. Sólo Dios no defrauda, sólo Dios puede darnos la seguridad y el equilibrio que nuestra alma necesita. Como diría Santa Teresa: "Dios no se muda. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta". O como dijera más recientemente el Santo Padre Benedicto XVI: "Cristo no quita nada y lo da todo".
Quisiera concluir con un pensamiento tomado de los Apotegmas de los Padres del Desierto:
"Cierta vez un hombre corrió al encuentro de un monje que pasaba y lo increpó diciéndole: "¡Dame la piedra preciosa que llevas contigo!". "¿De qué me hablas?, le dijo el monje. El hombre le contestó: "Anoche, Dios se me apareció en sueños y me dijo: un monje estará pasando cerca de ti mañana al mediodía, y si él te da una piedra que lleva consigo, serás el hombre más rico del mundo. ¡Así que dame ya esa piedra!".
El monje revolvió en su hábito y sacó un diamante, el mayor diamante del mundo, uno de gran tamaño, y dijo al hombre: "¿Esta es la piedra que quieres? La encontré en el bosque, pero si la quieres, tómala, puedes llevártela".
El hombre tomó la piedra y se fue corriendo. Pero esa noche no pudo dormir. A la mañana siguiente, muy temprano, fue donde se encontraba el monje. Lo encontró durmiendo debajo de un árbol y, medio avergonzado pero contento por haberlo comprendido, le dijo: "Aquí tienes de vuelta tu diamante. Ya lo he comprendido: Quiero la riqueza que nos hace capaces de poder desprendernos de toda riqueza".
Pbro. Domingo Alberto Soria
Arquidiócesis de Mercedes - Luján
Domingo XXVIII durante el año, Ciclo B
Por el Pbro. Domingo Soria
El Evangelio de este domingo –en la versión de Marcos sobre el episodio del joven rico- hace alusión a la cuestión de las riquezas. El Señor pronuncia la famosa frase: "Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de Dios". ¿Qué significa esto? La pregunta sería: ¿Es bueno o es malo ser rico? ¿Es la riqueza sinónimo de condenación y la pobreza sinónimo de salvación? ¿En qué consiste la verdadera riqueza y la verdadera pobreza?
Quizás recordemos el episodio de la unción de Jesús en Betania en el que Judas Iscariote se queja porque María había derramado a los pies del Señor un carísimo perfume de nardo puro. "¿Por qué no se vendió ese perfume en 300 denarios para dárselo a los pobres?", dijo el Iscariote. (cfr. Juan 12, 1-8). Hoy en día algunos (que se resisten al paso de la moda…) ofrecen el mismo argumento para hablar del Vaticano y sus tesoros, por ejemplo. Es que para algunos, la pobreza ha dejado de ser virtud para pasar a ser ideología. Y el apego a una ideología puede ser más pernicioso que la riqueza material en sí misma considerada, puesto que esta última, si está bien obtenida y bien administrada, puede ser ocasión de generosidad para quien la posee y de alivio para quien no la posee, mientras que lo primero puede ser ocasión de odio y división.
Esto me lleva a citar un episodio ocurrido en el año 1992 durante la IV Conferencia General del CELAM en Santo Domingo.
"José Luis Azcona Hermoso, obispo de Marajó, isla de la desembocadura del Amazonas, toma la palabra y dice: "Quisiera hacer una petición a los presentes. Los hoteles donde estamos alojados son demasiado lujosos, es un escándalo para la pobreza… además no permiten el clima de recogimiento y la necesaria concentración. Deberíamos irnos a sedes más apropiadas". Hace sólo un día que la Conferencia ha comenzado y ésta es la segunda intervención. El episodio trasciende fuera del aula y todos los periódicos latinoamericanos enfatizan su importancia. Pero dentro, entre los participantes en la asamblea, la salida del prelado brasileño no crea preocupaciones, a lo sumo hilaridad. "No era necesaria toda esta retórica sobre la pobreza y el recogimiento", comenta el arzobispo colombiano Darío Castrillón Hoyos. "¿Adónde íbamos a ir?", se pregunta irónicamente el cardenal de Buenos Aires, Antonio Quarracino. "¿A molestar a las familias? En Santo Domingo no existe un colegio tan grande que nos pueda a coger a todos". En los pasillos, el cardenal Sodano alude al episodio de pasada: "En vez de convertirlo en una cuestión de Estado, podía simplemente haberlo dicho tres meses antes, cuando se le comunicó: le hubiéramos encontrado un sitio diferente, no era un problema…". Todo se resolvió sin dramas" (cfr. Revista 30 Giorni, Nº 62, año 1992).
En este mismo sentido me han contado de un obispo que no quiso acompañar al Nuncio Apostólico hasta el auto porque le daba vergüenza que lo vieran junto a un eclesiástico que andaba en un BMW. Aquí debería decir que cuando el Nuncio estuvo en mi parroquia y luego de la Misa fuimos a cenar a Cáritas, fuimos precisamente en el mismo BMW. Espero no haber faltado a la pobreza… pero teniendo auto (sea cual fuere la marca) no veía la necesidad de llamar un taxi o de contratar un sulky (aunque hubiera sido pintoresco por cierto). Finalmente no escuché de nadie que se hubiera escandalizado por eso, al contrario, nuestra comunidad –gente sencilla y de barrio- lo recibió con muchísimo cariño y todos disfrutamos de un hermoso e inolvidable encuentro con el representante del Santo Padre.
No quisiera dejar de citar otro episodio. Cuando en diciembre de 1964 el papa Pablo VI visitó la India , el presidente de ese país le obsequió un lujoso Cadillac blanco. El Papa lo utilizó una vez y lo regaló a la Madre Teresa de Calcuta. ¿Qué hizo la Madre Teresa ? ¿Acaso lo rechazó "escandalizada"? De ninguna manera. Actuó con sentido común: lo usó para recoger gente por las calles de Calcuta.
La pregunta que nos hacemos es esta: ¿Tanto el obispo que consideraba un escándalo alojarse en un hotel como el que no quiso acompañar al Nuncio a su auto, actuaron realmente con una actitud de pobreza? (por supuesto que las intenciones del corazón las juzga sólo Dios, aquí yo me refiero tan sólo a las actitudes objetivas, como en el caso de Judas citado por Juan) ¿Faltó a la pobreza la Madre Teresa por aceptar el regalo de un Cadillac y utilizarlo para su labor misionera?
Precisamente el Evangelio de este Domingo nos sitúa en ese marco de reflexión acerca de cuál es la verdadera pobreza y la verdadera riqueza.
El joven rico le pregunta al Señor qué debe hacer para salvarse. El Señor lo exhorta a cumplir los mandamientos. Pero ante la respuesta del joven en el sentido de que venía cumpliendo los mandamientos desde siempre, el Señor le hace ver que sólo una cosa le faltaba: dejarlo todo y seguirlo. Finalmente el joven se retira entristecido porque poseía muchos bienes. ¿Pero qué es lo que el Señor quiere hacerle ver al joven? ¿Es que acaso el Señor le reprocha al joven el hecho de ser rico?
En realidad lo que el Señor le reprocha al joven es su apego a la riqueza, y aquí está el centro de la discusión. No está mal poseer muchos bienes (si están lícitamente obtenidos por supuesto), lo malo es estar apegados a ellos, en poner toda nuestra confianza y nuestra seguridad en esos bienes. En eso consiste precisamente el apego. Ya lo había dicho el Señor en otra ocasión: "Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones…" (cfr. Marcos 7, 15. 20-21). Entonces nadie puede ser malo simplemente por tener dinero o muchos bienes sino que lo malo es hacer de esos bienes el centro de la vida. Ese apego creará sin duda una barrera que impedirá el seguimiento pleno de Jesús. El joven se entristeció no por ser rico sino porque estaba apegado a su riqueza. El fruto del apego es la tristeza.
Vuelvo entonces a los ejemplos del comienzo. ¿Fue realmente pobre el obispo que no quiso alojarse en un hotel o el que no quiso ni acercarse al BMW? ¿No puede haber acaso un apego a una idea de pobreza que nos lleve a "despreciar" a quien piense de otro modo? ¿Faltó a la pobreza la Madre Teresa por haber aceptado el lujoso Cadillac? ¿O no será que realmente su desapego era tal que le daba exactamente lo mismo recoger pobres en un Cadillac que un carro tirado por un famélico caballo? Es que los santos son así, están desapegados de toda posesión y de toda ideología, y actúan con un gran sentido común.
No falta hoy quien hable de las mentadas riquezas del Vaticano. Pero no hay más que aplicar el mismo razonamiento. ¿Falta a la pobreza el Santo Padre por vivir en el Palacio Apostólico Vaticano? Si su corazón estuviera apegado a ese palacio ciertamente que faltaría a la pobreza, pero supongamos que si a Al Qaeda hoy se le ocurriera lanzar un misil y destruir el Vaticano no por eso el Santo Padre pasaría a ser automáticamente "pobre", el Papa seguiría siendo igual (siempre que no lo alcance el misil, sino habría que elegir a otro…) y no por eso sería más pobre y dejaría de cumplir con su misión. ¿Se solucionaría el problema de la pobreza vendiendo el Vaticano? Y pensar que algunos todavía lo sostienen…
El mismo Señor tuvo amigos ricos, pensemos en Lázaro, a cuya casa iba a comer seguido; en Nicodemo, a quien recibe de noche; en José de Arimatea, en cuyo sepulcro es finalmente sepultado (y nadie se escandalizó por eso); en Mateo el publicano, que lo llama para ser su apóstol.
En definitiva, la pregunta fundamental es: ¿En qué o en quién ponemos el centro de la vida? ¿Dónde ponemos nuestras propias seguridades? Algunos lo harán en el dinero, otros en tener un buen auto, otros en la búsqueda de poder, otros en el sexo, otros en sus propias ideas, etc. etc. Pero eso a la larga crea sufrimiento. Sólo Dios no defrauda, sólo Dios puede darnos la seguridad y el equilibrio que nuestra alma necesita. Como diría Santa Teresa: "Dios no se muda. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta". O como dijera más recientemente el Santo Padre Benedicto XVI: "Cristo no quita nada y lo da todo".
Quisiera concluir con un pensamiento tomado de los Apotegmas de los Padres del Desierto:
"Cierta vez un hombre corrió al encuentro de un monje que pasaba y lo increpó diciéndole: "¡Dame la piedra preciosa que llevas contigo!". "¿De qué me hablas?, le dijo el monje. El hombre le contestó: "Anoche, Dios se me apareció en sueños y me dijo: un monje estará pasando cerca de ti mañana al mediodía, y si él te da una piedra que lleva consigo, serás el hombre más rico del mundo. ¡Así que dame ya esa piedra!".
El monje revolvió en su hábito y sacó un diamante, el mayor diamante del mundo, uno de gran tamaño, y dijo al hombre: "¿Esta es la piedra que quieres? La encontré en el bosque, pero si la quieres, tómala, puedes llevártela".
El hombre tomó la piedra y se fue corriendo. Pero esa noche no pudo dormir. A la mañana siguiente, muy temprano, fue donde se encontraba el monje. Lo encontró durmiendo debajo de un árbol y, medio avergonzado pero contento por haberlo comprendido, le dijo: "Aquí tienes de vuelta tu diamante. Ya lo he comprendido: Quiero la riqueza que nos hace capaces de poder desprendernos de toda riqueza".
Pbro. Domingo Alberto Soria
Arquidiócesis de Mercedes - Luján

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